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Jugando al Mario Bros Vol. II

continuación de: www.surf-in.org/mario-bros

Me fui a mi casa tras haber pasado los protocolos correspondientes. Dos TAC cerebrales y la promesa de mis padres de que iba a estar vigilado durante las próximas 24 horas. Si me repetía mucho o decía cosas sin sentido, deberíamos volver a urgencias.

– Mañana tienes que ir a tu médico de cabecera a que te de la baja y después ¡Reposo absoluto! Sé que te va a costar, pero de la cama al sofá, y del sofá a la cama. No hagas nada. No debería apetecerte mucho hacer otra cosa. Pero por lo visto, a ti es mejor avisarte bien.

– Sí. No te preocupes. Si hacer nada es lo que mejor se me da en la vida. Si me pagasen por no hacer nada, podría ser rico.

Cuando me dicen que vaya al médico de cabecera concluí automáticamente ir al médico que tengo asignado aquí en Madrid y fue posiblemente el mayor error que recuerde. Porque yo que me vi el efecto mariposa, soy consciente de que ya cualquier decisión banal tiene un coste oportunidad altísimo, cuanto más elegir mal un médico.

– Buenas tardes doctor. Vengo sin cita, pero he tenido un accidente de bicicleta, y me han dicho que es usted el encargado de arreglar la baja laboral. Aquí tienen todos los partes que me han dado. Por lo que me han comentado, los Tacs han salido bien. Pero que hay que estar pendientes de que no se formen coágulos. También me han dicho que tengo una tendinitis en el hombro derecho. Que el dolor y la inflamación irán remitiendo con los días.

– ¿Pero esto que día fue?

– Antes de ayer. El 17 de Septiembre. Pero fue por la tarde, ese día fui a trabajar. Me han dicho que los partes de urgencias no valen para la seguridad social, pero yo no sé muy bien cómo funciona.

– Bueno, pues te voy a dar de baja desde el día del accidente, una semana, y el miércoles vienes a verme.

– Mire, están mis padres aquí porque tengo que estar controlado, y me voy a ir a Pontevedra, con ellos. En urgencias me han dicho que voy a necesitar mucho reposo y que es posible que no pueda trabajar en varias semanas. La verdad que estaría muy bien si se pudiese retrasar, al menos, un par de días la cita. Aunque la verdad sería perfecto si podemos arreglar para que me viese mi médico asignado en Galicia.

– De ninguna manera, aquí el médico soy yo. Y yo soy el que tiene que verle.

– Si yo no digo que no. Pero comprenda que lo que manda no parece que sea lo más sensato para mi forma de ver las cosas.

No entiendo muy bien porque un doctor generalista es el encargado de seguir mi accidente, y no lo hace un especialista en traumatología, pero lamentablemente no es lo único que no entiendo de la sanidad de este país. La vida está llena de incongruencias y hay que aceptarlas como son para no volverse loco.

Por un lado, el neurólogo y la traumatóloga que me tratan en urgencias me prescriben estar en reposo y acompañado y al día siguiente un médico de cabecera  se niega ya no sólo a desplazar mi expediente de baja y que revisen en Pontevedra, ciudad dónde tengo asignado a mi médico de cabecera y dónde le advierto que voy a pasar mis días de reposo. Primero porque es mi casa, y segundo porque es la única forma en que mi familia puede estar cuidándome y controlándome. Y tercero, porque a mi como individuo, que paga sus impuestos, me importa bien poco que las competencias de sanidad sean autonómicas.

Me frustra bastante, pero con rabia asumo mi penitencia. Madrugar para recorrer 650 kilómetros y 7 horas tirado y solo en un tren.

La revisión el miércoles 24 Septiembre, cuatro de la tarde. (una semana después del accidente).

– Buenas tardes, vengo a la revisión de mis lesiones por un accidente en bicicleta.

– Cuéntame cómo estás.

– Pues doctor, la verdad que estoy muy cansado, duermo entre 12 y 14 horas al día. También es cierto que no son seguidas, ya que me despierto muchas veces cada noche, porque al mínimo giro me duele mucho y me despierto.

La cabeza me duele a veces. Sobre todo si intento leer o concentrarme, pero al menos ya no está en blanco, como los primeros días. Todavía me lío mucho los nombres y las caras. Tengo la sensación constante de que tengo que hacer algo, pero nunca sé lo qué es.

Mis padres me han dicho que he olvidado varias veces la misma conversación y que me olvido algunas veces de qué estaba hablando. Aunque sin duda lo peor es con el teléfono. Veo las llamadas recibidas y no me acuerdo de haber hablado con nadie. O leo un whatsapp en el que me preguntan qué tal voy. De primeras pienso ¿quién habrá avisado a este? Releo la conversación y se lo había contado todo yo mismo el día anterior.

El hombro me duele todavía, ya he pasado varias tonalidades de violeta, pero también parece que cada día va a mejor. Poco, pero lo muevo. Lo que si tengo un bulto que tiene una pinta muy fea.

– Todo lo que te pasa es normal. Vas a venir el viernes a recoger el alta, y ya el lunes a trabajar, que lo que hay que hacer es trabajar.

(…)

– Mami, acabo de salir del médico.

– ¿Y qué te dijo? ¿todo bien? ¿tienes que trabajar mañana?

– No a trabajar mañana no. Pero casi. Me dio baja hasta el lunes que si ya tengo que ir a trabajar.

Pero vas a flipar con la movida. Este fulano está como una chota. Primero me dice que tenía que ir el viernes a recoger el alta.  Pero ya casi al irme, me dijo que de favor, me la daba ya, para no hacerme venir. Pero que no se lo diga a nadie.

Yo callao como una puta, porque visto lo visto, ya estoy oficialmente de alta, y puedo ir a Salamanca el sábado.

Pero que cojones me cuenta de favores, que si llego a tener que ir a casa me recorro 1300 kilómetros para cinco minutos de consulta. Menudo coraje. Es que mami te lo juro, me hierve la sangre. Este tío es un auténtico subnormal. Te puedes creer que le dije que me preocupaba el bulto del hombro y ni caso. Le dije que me sacaba la camiseta, y dijo que no. Me subí la manga y ni se fijó en el bulto.

¿Y sabes que me dijo?

Si está hinchado, que hay una crema muy buena que se llama Voltaren. Y me lo escribe en un papel, que no entra en receta.

Puto imbécil, vi voltarem más veces en casa yo que tú.

– Bueno ahora ya está. No te enerves.

– Ya está. Como que ya está. ¿Te parece normal? Ahora viene de perdona vidas. Si no llego a tener la boda de Sele, me hace recorrer 1200kms en dos días, para dos minutos de consulta… Y ni me toca. Luego me dice reposa. Menudo reposo pasarme el día entero viajando. Y me dice que si eso le ponga voltaren al bulto. ¿Cómo que si eso? Es que me hierve la sangre.

hombro diego santos

 

El lunes en el trabajo, todo fueron abrazos y celebraciones de que no haya sido nada más grave. Todo el mundo cree que las consecuencias del golpe podían haber sido bastante peores. Golpe en la cabeza y sin casco, suena mal. Y siempre alguien conoce a alguien que o se rompió mil huesos, o tuvo que volver a aprender a hablar.

La frase estrella de estos últimos días fue:

¡Madre mía, menudo golpe te has dado! Pero…

– ¿Cómo fue?

– La verdad no me acuerdo de nada. Por la forma de las lesiones yo vendría bajando por alguno de los senderos de la Casa de campo, y me tuve que dar contra un árbol y caer desplomado, porque rascazos no tengo. Supongo que antes de dar con la cabeza directamente me habré protegido y por eso tengo esta inflamación en la zona del hombro. Según dijo la médico, lo más raro es que no se rompiese la clavícula.

– ¿Qué bajabas muy rápido? ¿Y nadie vio el golpe? ¿Te quedaste sin conocimiento?

– Pues no lo sé. No tengo ningún tipo de referencias, ni de espacio, ni de tiempo. Tengo la sensación interior de que llevaba toda la tarde subiendo a la parte más alta, para bajar por los desfiladeros. Llevo meses haciendo ese recorrido corriendo, y pensando la pintaza que tiene para hacer en bici. Imagino que iría a tope.

Y claro, la caída, pues a saber. No sé cuánto tiempo estuve tirado. Pudieron ser tres segundos, tres minutos… o tres horas, quién lo sabe. El parte pone que yo iba caminando por mi propio pie, cuando me encontré a un policía, y le dije que había tenido un golpe. Y ya llamaron al SAMUR y tampoco se si me desmayé, si seguía consciente.

Al llegar al hospital, al parecer si estaba consciente porque al día siguiente me saludaban las enfermeras, los médicos, los técnicos, los celadores… al parecer tenía el día hablador y vacilón.

Pero yo todo lo que sé, es por otros. Acordarme no me acuerdo de nada hasta que me desperté en el Box.

-¿Pero tú te encuentras mejor?

– A ver mejor si estoy. Si me dices que si estoy para trabajar. Yo creo que no. Antes me tuve que ir a dar un paseo al retiro, porque no era capaz de entender un documento, y me estresa la sensación de fustración de no enterarme de nada. Pero vamos, el dolor es soportable, y cada día duermo mejor. Que ya es algo. Lo que sí que me mosquea es este bulto, que no se baja. Mira. Toca. Toca. ¿Acojona eh?

Pues en teoría, se va a colocar solo, cuando baje completamente la inflamación. A ver qué dice el traumatólogo, que me verá a mediados de Octubre.

diego santos hombro

PD: No sé si el accidente me ha puesto mala cara, ni la que pongo al contar la historia, pero seguro que no es ni de tristeza, ni de arrepentimiento o remordimiento. Tanto en las buenas como en las malas, nunca se debe perder ese boceto de sonrisa. Por eso me extraña que la gente me diga que me ve bien de moral.

De moral estoy mejor que nunca. He aprendido mucho de la gente con este accidente. Y casi todo han sido cosas positivas. Yo solo estoy ansioso por volver a hacer las mismas cosas que hacía antes, y mil más.

Por ahora, toca reposo deportivo, y el intelectual viene de serie. Pero, I will be back.

Redactado en Madrid a finales de septiembre 2014 por Diego Santos. Las fotos son de hoy 10 de noviembre, forzando un poco la postura, para que se vea el bulto, que todavía me acompaña.

Pronto escribiré la tercera parte de esta historia. Si quieres leer la primera parte de este relato: www.surf-in.org/mario-bros

Gracias a todos por el apoyo, que uno nunca sabe si se merece las llamadas y mensajes desde rincones tan dispares del planeta.