El Cholo

Mi intención era quedarme en Lima porque me parecía lo más inteligente, o al menos lo más coherente. Me convenciste, o como casi siempre me dejé convencer y nos pusimos rumbo a Asia. Tuve que empacar todo mi equipaje, y hacer en Check-in online antes de salir de tu depa de Miraflores.

Recorrimos la panamericana por enésima vez. El trayecto era bastante  largo y nuestra rutina era básica, pero entrañable.  Parada en el primer grifo que encontrásemos fuera de la ciudad, carburante y compra: un six pack de cusqueñas heladas y unas papas.

La conversación era siempre parecida pero nunca sonaba igual. No recuerdo hablar de otra cosa que no fueran nuestros sueños, y de tus ganas de comerte el mundo. Te escuchaba con la atención que nunca he prestado a nadie, porque hacía tiempo que conocía  tu don para los negocios, y todo lo que tu me cuentas, no lo enseñan en ningún MBA.

Sé que vas a ser una persona de éxito jóven, vas a llamarme un día diciendo: “Gallego, la hice”. Sabré que es el momento de cumplir aquello que tantas veces nos prometimos, recorrer esa larga panamericana de principio a fin. Desde México a Tierra de Fuego. Atravesaremos el continente con una camioneta y con unas tablas para correr.  Nuestras mujeres se unirán en algunas ciudades de la ruta, porque en el fondo las echaremos de menos.

Siempre recordaré los 12 de Enero. El día de tu santo. El día que regresé de la primera vez que me fui a Perú. Yo prometí que no sería la última, y soy hombre de palabra.

Feliz cumpleaños, mi bro. Se te extraña un culo, Rodrigo Allemant.

Texto: Diego Santos para Surfin

 

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