Jugando al Mario Bros

By | 17/10/2014

Me despierto con una voz grave de fondo. Pronto reconozco que habla de Vietnam. Por las fechas en las que estamos, posiblemente haya vuelto de sus vacaciones hace poco. O quizás, como yo, se las ha guardado y está por irse pronto.

Mi cerebro sólo reconoce topónimos: Delta del Mekong, Ho chi Minh, Ha Noi, Hue… pero no puedo comprender si habla en presente o en pasado. No es que me importe si volvió ni cuándo se va. Me cuesta comprender.

Intento concentrarme y pensar que día de la semana es hoy. No tengo ni idea. Pero una ligera sensación interior me dice que debe ser martes. Cojo un papel en el que está algo escrito. Es el menú. 18 de Septiembre.

Juraría que tenía un viaje a Galicia, pero suelo viajar los viernes.

Sigo concentrándome en mi papel. Escribo notas con las preguntas que le quiero hacer a la primera persona que entre por el box. No sé qué color de pijama es para médico, ni cual para enfermera.

Pero todos me tratan tan bien, que el siguiente que pase, le va a tocar solucionarme mis dudas. Es posible que ya se las haya preguntado antes. Pero no me acuerdo. Por eso esta vez, debajo de cada pregunta, escribo una línea en la que pretendo anotar la respuesta.

– Hooola!! Mira una cosa, tú sabes ¿Quién me trajo aquí?

– Pues mira Diego, aquí te trajo el SAMUR, pero espera que te busque el parte que seguramente explique algo.

– ¿ Y tú como te sabes mi nombre?

– Porque soy una pringada y llevo mil horas por aquí. Y Ya nos vimos antes ¿No te acuerdas?

– Qué mal. Te prometo que no me voy a volver a olvidar. Ahora tengo un sistema. Mira. Anoto aquí en el borde tu nombre y pongo entre paréntesis mañana. Que sé que es la mañana ya. ¿Ves como no estoy tan mal?

– Si ya tienes varios nombres anotados. No vas a saber quién es quién.

– Que siiii! ¡Que yo tengo memoria visual, y tengo chuleta! Me acuerdo fijo. Elena.

Me di cuenta que me olvidé de preguntarle qué día era hoy. En el box, intento concentrarme en pensar. Pensar en algo, me da igual. Parece que hayan surtido en un efecto repentino los ejercicios de meditación y sepa dejar completamente la mente en blanco.  Reconozco que me hacía más gracia tener que reconocer que tengo la mente rápida e hiperactiva y que meditar era un largo camino, en vez de haber llegado a mi culmen yogui después de un golpe en la cabeza. Menudo atajo.

Aunque la mente sigue prácticamente en blanco, repentinamente una angustia invade mi cuerpo, y mis ojos ahogan gotas en sus lagrimales que desean recorrer mi mejilla. Una sensación de vacío existencial me invade. Con la mano lesionada agarro fuerte la sábana, aprieto mis dientes con rabia, y chillo con todas mis fuerzas un ¡nooo! ¡jooder! con mi mandíbula, porque la voz no me acompañó. Un grito inaudible en el que maldigo a la vida por ser tan perra.

Acabo de ser consciente de que mi abuelo está muerto. No va a estar esperándome en su casa, para decirme  y que soy un brutiño, como un arado. No se reirá diciéndome, “como quedaría o outro” al ver la mano derecha hinchada. Y su mano ya nunca pasará por mi pelo, mientras sonriendo cómplice, con sus ojos me dice: “eres coma min, siempre liándola”

Aunque siga concentrándome, no puedo recordar con exactitud que pasó ayer. Sé que estoy en el hospital, que tuve un accidente con la bicicleta. La había comprado esa misma mañana y no puedo recordar la cara de quién me la vendió.

Se ve que la estrené bien. Sé que fui a la casa de campo porque llevaba semanas imaginándome bajando por esos senderos.  He pasado por ellos tantas veces corriendo que  me sabía de memoria cada subida, cada bajada, en qué sitios había que entrar bien abierto y utilizar bien el peralte y dónde tendría que esquivar alguna roca traicionera.

El parte del SAMUR pone que me caí en la zona del embarcadero. Eso es que me volvía ya para casa. También pone que soy yo quien desorientado en tiempo y espacio, ve a un policía, y que le explico lo que me ha pasado.

Cuando llega la ambulancia me quedo inconsciente. Ya estoy en buenas manos. Horas después me despierto, alterado: ¡Llamar a mis padres, que deben estar preocupadísimos!

 Yo siempre fui de pensar a lo bruto, y pedir con educación:

– Disculpe señorita, parece que he ido sin documentación ni móvil a andar en bici, pero si me deja hacer una llamada para avisar a mis padres que estoy aquí, se lo agradeceré eternamente. Mientras me acuerde.

– ¿Te sabes el número?

– Saber me lo sé. De todas maneras, vamos a llamar al fijo, que a estas horas de la noche suelen estar en casa.

 diego santos hospital

PD: Tengo que agradecer los innumerables mensajes, llamadas,wass, mensajes de facebook con los que me habéis demostrado vuestro apoyo. Siento si a alguno no lo he contestado, o no he dado todas las explicaciones que merecía.

Pronto, escribiré como van las cosas ahora. Días de médicos, de pruebas, ralladas… pero días al fin y al cabo. Que cuando tengamos que estar mal, que estemos como hoy.

Mientras ayer copiaba las notas del hospital, sonó esta canción, que yo no conocía y me encandiló desde el primer momento:

Edit: Si quieres leer cómo continúa el relato: www.surf-in.org/mario-bros-2

Oh, I beg you, can I follow?
Oh, I ask you, Why not always?
Be the ocean, where I unravel
Be my only, be the water where I’m wading
You’re my river running high, run deep, run wild

Refrain:
I, I follow, I follow you
Deep sea baby, I follow you
I, I follow, I follow you
Dark doom honey, I follow you

2 thoughts on “Jugando al Mario Bros

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