El día que casi conocí a Michi Panero

By | 14/03/2014

Así, como quién no quiere la cosa, llegó el Sol y parece que quiere quedarse unos días. Ya casi olvidada esa apatía invernal y las ganas de hacer nada. Tan bien me han sentado sus rayos que me creo fotosintético. Que a nadie le extrañe si me brotan flores.

Me encanta la primavera. Poder bajar en manga corta, y empezar a correr en dirección Casa de Campo, dónde cada vez que voy siempre hay una sorpresa.

Sigue pareciéndome increíble que en pleno corazón de Madrid pueda perderme un parque que me teletransporta a un mundo paralelo. Allí entro en otro estado mental. Muy cerca pero a la vez tan lejos de los bloques de cemento, del tráfico, y de esa agresividad que reina en el corazón de la ciudad.

Es increíble que un parque me llene tanto de vitalidad y me enseñe tanto de la vida. Aprendo a querer Castilla. Me ilusiona ver ardillas, pájaros carpinteros o incluso cigüeñas en su hábitat natural. Ayer vi como tres urracas rodeaban un ratón de campo para zampárselo. Es la ley de la cadena trófica, y hay que dejar que siga su curso.

En la casa de campo, una de mis rutas corriendo pasa bordeando el Zoo. Intento ir cada día, para llenarme de rabia y frustración. Recordarme que estamos haciendo muchas cosas mal. Me duele el corazón ver a los tigres y a los leones, en un espacio tan minúsculo que con el paso del tiempo y de las drogas han perdido completamente su instinto y parecen más  un absurdo elemento de decoración en un triste escenario, que los reyes de su pueblo.

Lo paso especialmente mal pasando por detrás del delfinario.  Se me encoge la barriga y el corazón. No sé de qué poros salen las gotas que recorren mi mejilla, sudor o llanto, saladas como el océano al que estos mamíferos pertenecen y del que nunca debieron salir.

delfines rias baixas

 

Está demostrado que los delfines tienen una sensibilidad muy parecida a la de los humanos. Espero, por su bien que no sean de Lorca.

Más allá de donde
aún se esconde la vida, queda
un reino, queda cultivar
como un rey su agonía,
hacer florecer como un reino
la sucia flor de la agonía:
yo que todo lo prostituí, aún puedo
prostituir mi muerte y hacer
de mi cadáver el último poema.

Leopoldo María Panero.

Y así somos los humanos, capaces de llorar la muerte de un poeta que buscaba la muerte y la sociedad obligó a vivir, en un manicomio, preso de la medicina legal.

La vida es cínica y cíclica, hay capítulos que nunca se cierran, o no interesa. Diez años, diez, han pasado desde el trágico 11M. Las heridas siguen abiertas.

Todavía hay motivos para ser feliz. Es primavera, los árboles están floreciendo. Me gustan los rayos de sol cegando mis ojos sin gafas. Me siento humano y frágil, como el día que casi conocí a Michi Panero:

Nunca fui en nada el mejor,
tampoco he sido un gran amante.
Más de una lo querrá atestiguar.
Pero si algo hay capital,
algo de veras importante,
es que me voy a morir
y cuando digo voy es que voy.

 

Me han hecho unas preguntillas para ponerme de ejemplo de “Casos de éxito” en el Curso de Emprendedores campus do Mar.

Espero que os guste.

www.surf-in.org/campusdomar

Texto: Diego Santos

Foto: Anuska Sampedro

Poema: Leopoldo María Panero

Canción: Nacho Vegas

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