Mi día de suerte

bicimad puerta toledo

Esta mañana como cada día cogí la bici pública de Madrid para ir al trabajo. Mi estación es en Puerta de Toledo, la de la imagen. Dónde muchas mañanas llego y ninguna bici funciona. Hoy había 3 sólo una en verde y al principio no salía. Me daba mucha rabia porque me fastidia muchísimo que esté la bici en verde y luego no salga de su anclaje. Al tercer intento, la bici salió. Los que conozcan esta parada de bicis, saben que para ir dirección Atocha es una práctica habitual cruzar por el paso de peatones, justamente hoy había un policía municipal, al que le pregunté si podía pasar y me asintió con la cabeza y me incorporé al carril. Como cada mañana, voy por el carril BICI, pintado con el símbolo de 30 y una bicicleta.  No es el carril BUS es el BICI.  Aquellos que no sean de Madrid pueden estar algo extrañados, pero así está diseñada la ciudad a día de hoy. A la derecha, si lo hay, el carril bus, pegado a este el carril bici (30) y los demás, para que los coches “disfruten”. Quizás se necesario mencionar que el tráfico en Madrid no es precisamente fluido por las mañanas, vamos que es un atasco constante. Incluso tardo menos en bici que en bus y eso que este tiene también su carril reservado.

carril bici mad

(Así se configuran los carriles en la ciudad de Madrid, y mi incidente fue unos 500m antes del punto que sale en la imagen)

 

Los hechos que quiero destacar, suceden unos metros más abajo, cuando el carril que pasa por debajo de la Puerta de Toledo y el de arriba se unen, en la calle Toledo. Circulando yo por mi carril, escucho unos bocinazos que estremecían la calle. Por desgracia no es la primera vez que pasa, que algún coche quiere que abandones TU carril BICI, para pasar él y te lo hacen saber de los peores modos. Mi sorpresa es mirar hacia atrás, y encontrarme una HORMIGONERA a menos de un metro de mi rueda trasera. A me había parecido que esos estruendos pitidos no podían ser de un utilitario. Pero encontrarme semejante bicho tan cerca me hizo reaccioanar con el dedo señalándome la cabeza “estás loco”. El conductor me indicaba con su mano y leyendo sus labios, “que saliese del medio” acompañado de algún improperio. Yo no podía más que tener los ojos como platos y llamarle loco.

Como en unos máximo 50 metros todavía no me había apartado, el conductor decidió hacer lo que tenía que haber hecho desde un principio, adelantarme con el carril de la izquierda, que iba vacío. Quizás se puede juzgar la maniobra como poco inteligente, pues en 150 metros había un semáforo que ya estaba en ámbar. El conductor, no se lo pensó, aceleró a fondo, aun sabiendo que no le daría tiempo, pero su interés no era llegar al semáforo antes de que se pusiese rojo, su interés era “asustarme” o algo más, ya que no se cambió de carril para adelantarme, su rueda izquierda pasó por el medio de mi carril, obligándome a apartarme, a escasos centímetros de mi bicicleta, haciendo un estruendo indescriptible. Mi corazón a tres mil. Cuándo se paró el semáforo, me puse delante de él,  reiteré en mis calificativos de loco, seguramente acompañados de algún adjetivo no demasiado comedido. Su respuesta, insultos y una comunicación no verbal violenta y amenazante.  Siempre he sido de reaccionar cabalmente cuando las pulsaciones van a cinco mil, y me subí en la bici, para ver si había un policía local en el cruce, ya que muchas veces si están. Mala suerte. Nadie. Con mi acaloramiento, seguí hasta la policía nacional que está a unos 200 metros para denunciar el incidente o algo.

No había ningún policía en la puerta y el semáforo ya estaba en verde. Me puse en medio de la carretera, para obstaculizar a la hormigonera y hacerla parar. Estoy seguro que los coches patrulla aparcados en la puerta fueron los que le hicieron medirse, aunque yo tenía claro que me iba a apartar en el último momento, el conductor vio en mi cara que no iba a cesar hasta que parase.

Justamente cuándo se detuvo el vehículo salió la policía nacional, a ver qué estaba pasando. Le expliqué mi situación, reiterando que ese señor estaba fuera de sus cabales, sugiriendo de refilón que un control de alcoholemia no estaría de más. Sin embargo, esa frase al aire no surtió el efecto esperado y nadie llamó a la policía local. Tenía que haberlo hecho yo, al igual que sacarle una foto a la matrícula del camión, pero con los nervios no encontraba ni la cámara en el móvil, y el policía me dijo que no me preocupase, que ya habían anotado su matrícula y fotocopiado su carnet (al igual que el mío).

Nos fuimos no sin antes despedirse el conductor con improperios, en el siguiente semáforo, vi que algo rosmaba, pero ya había tenido bastante, todavía estaba a muchas revoluciones mi corazón, pero ver aquel pedazo bicho parado y yo abajo, me sentí tan insignificante como una hormiga.

Llegué al trabajo y esas revoluciones se convirtieron en una sensación de total cansancio, no podía ni moverme, hasta que al rato, volví a encenderme y a apretar muy fuerte los dientes, mientras caía una lágrima por cada mejilla. Era pura ira. Casi me matan y la policía nacional me recomendó irme sin denunciar ni nada, porque por lo penal tengo que pagar. Que me lo piense que no lo decida en caliente. Qué vergüenza de país.

El resto del día estuve con altibajos, sé que mucha gente habría ido al hospital por un ataque de ansiedad, pero a mí nunca me gustaron los médicos. Traté de centrarme en mis tareas y olvidarme de lo sucedido. En realidad había decidido no denunciar. Quería escribir unas líneas al periódico y localizar la empresa de la hormigonera, para reenviarle una copia a su jefe. Por lo menos que sepa qué clase de individuos tiene a su cargo, cuándo recibo el siguiente Whatsapp:

whasp hormigonera

 

Leerlo me secó de pronto la garganta, y mis pulsaciones a cinco mil otra vez. Me temblaban las piernas y eso que estaba sentado. ¿Y si el sinvergüenza de esta mañana había matado a alguien después de mi incidente? Tengo que ir a decir lo que ha sucedido, tengo que ir a contarlo, me repetía mientras cargaba la página de la noticia.

En el cuerpo del suceso, descubrí que no había conductor, y que la hormigonera no era la misma. La que conducía el individuo era “casi el doble” de grande. Había decidido olvidar el tema, pero ahora me sentía culpable. Ese conductor tiene que aprender a circular y quizás el ayuntamiento tenga que recibir algunas sugerencias. ¿Debe conducir una hormigonera por el centro de la ciudad? ¿Existe una acreditación que demuestre que está trabajando en una obra cercana? ¿El carril bici que se ha instalado en la ciudad es apropiado para que coches y bicicletas compartan la vía?

Me recomiendan que me acerque a la policía local con el mayor número de datos posible, y exponga los hechos, para que puedan considerar o no, investigarlos. Sabía que la Policía Nacional tiene anotada la matrícula, me dirijo a ellos exponiendo mis intenciones de trasladar mi queja a la Policía Municipal que es la encargada del tráfico, pero tras unas circunstancias un tanto extrañan me deniegan el número de matrícula aludiendo a la “ley de protección de datos”. Aunque he leído en foros de juristas que las matriculas identifican vehículos, no personas. No me importa que me lo denieguen, pero las formas no me han parecido del todo correctas.

-Dice “nosequién” que no te va a dar la matrícula”

-¿Puedo hablar con “nosequién” por favor?

-No.

Pero ya bastante largo había sido el día como para quemarme por esto.

Esta noche no he dormido casi. Me levanté con bastantes taquicardias. A ver cómo va el día, aunque creo, creo que hoy voy en bus.

Comparto dos vídeos que tristemente son el pan nuestro de cada día, pero como dato, aleatorio como importante, la ciudad de Madrid ha puesto unas bicicletas públicas y un carril para desplazarnos. Corporación municipal, no dejes que nos muramos en el asfalto.

Primera foto, propiedad de: http://effenergy.net/analisis-funcionamiento-bicimad/

Segunda foto: www.enbicipormadrid.es

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