Visita a Cádiz

By | 26/02/2014

Desde hacía tiempo que era completamente consciente que necesitaba romper con la rutina. Madrid me tiene más saturado de lo que quiero creer y Galicia, que la frecuento mucho, he de reconocer que me sienta mejor en primavera.

Realmente necesitaba un fin de semana para dedicarme a mi mismo. Para no pensar en nada ni nadie. Trabajo, estudios, Surfin o incluso el mero hecho de intentar quedar con gente requieren una planificación que a veces no me apetece.

Así, con agenda vacía y libre como un pajarillo, me fui a Cádiz. Fui con mi amigo Fran, con el que tantos viajes me he pegado y con el que hacía tiempo no hablaba de esas cosas que sólo se cuentan cuando hay de todo menos prisa.

El ambiente era de previa de Carnavales. Todo el mundo pendiente de qué pasaba con las Chirigotas en el teatro Falla, epicentro de la ciudad en estos días. Y muchos, especialmente yo, deseando encontrarnos las ilegales por cualquier calle.

Sol y un cielo azul como el que ya casi no recordaba. Qué delicia haber podido estar un par de horas al día en manga corta, cervecita en mano, recorriendo el paseo marítimo. Hacía tanto tiempo, que parecen recuerdos de otra vida distinta.

diego santos en cadiz

Me gustó mucho Cádiz, con sus callejuelas, sus plazas y sus playas urbanas. Me llamó la atención que la Universidad estuviese enfrente de la playa de la Caleta y en pleno barrio de La Viña, el barrio del tapeo de la ciudad. Bendita ubicación.

De toda la ciudad, y sabiendo que arquitectónicamente quizás no es el mejor edificio, si tengo que elegir, me quedo con el Castillo de Santa Catalina. Según los que han estado, recuerda al Castillo de los Tres Reyes del Morro de La Habana. A mi, la mente me llevó a Galle en Sri Lanka, aunque creo que más por el tono del cielo que por el castillo en si.

De Santa Catalina me enamoraron sus vistas, y su integración con la sociedad local. El ayuntamiento cede salas para que puedan estar allí los artistas de la ciudad. Que de toda la vida, los bohemios son siempre buena gente con la que poder aprender algo. Otra perspectiva de la ciudad, siempre es bienvenida.

castillo santa catalina cadiz

El parador, jardín botánico, el monumento a la constitución o incluso la estatua a Miranda, son pequeños adornos a una ciudad que quizás ni los necesita. Cádiz es más que una ciudad para visitar, desprende armonía y tranquilidad. Un sentimiento de ser ciudadano más que huésped que te deja con ganas de quedarte mucho más tiempo.

Nos hospedamos en un backpackers, el Cádiz Inn, muy cerquita del ayuntamiento, y como es habitual con un ambiente muy internacional. Me encanta la multiculturalidad de estos alojamientos y compartir comedor y terraza con gente que siempre inspira.

Reconozco que no soy el típico turista y no suelo investigar mucho antes de llegar a un nuevo lugar. Me gusta dejar que el destino y el azar jueguen un poco y el viento sea quién marque la ruta. Me gusta hablar con la gente por las plazas, que siempre tienen algo que enseñarnos. Ninguna guía será capaz jamás de plasmar con palabras las anécdotas de la barra de un bar. Quizás lo ponga en el primer párrafo de la mejor guía, pero prefiero decir que alguien, en algún rincón perdido me explicó que Cádiz es la ciudad más antigua de Europa. Que el gentilicio proviene del fenicio Gadir, y que significa lo mismo que la ciudad de Marruecos Agadir, es decir, recinto cerrado o amurallado. Un redactor nunca dirá: “Si en el fondo somos medio moros“.

 Como he dicho tantas veces en mi vida en sitios muy dispares: volveré, pisha!

Texto: Diego Santos

Fotos y video: Francisco Padín

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